Esperan a que sea de madrugada y llegan a los techos de las casas elegidas previamente para robar, con la información de que las víctimas no están ahí. Pero todo el andamiaje que despliegan los “boqueteros” que castigan a barrio Norte parece haber fallado, al menos una vez. Así surge del testimonio de una vecina de Plaza Olazábal.
La mujer, que accedió a hablar de lo que le pasó a cambio de mantener el anonimato, situó el intento de asalto sufrido por ella en las primeras horas del martes 29 de diciembre pasado.
Por esos días, ya se habían registrado varios episodios en el radio comprendido entre la avenida 7 y la plaza Alsina, de 1 y 38.
Ella y su marido descansaban en su casa de 39 entre 7 y 8. En plena madrugada los sobresaltó un repiqueteo constante: “Era el ruido de pedazos de material que caían al piso, y venían de una habitación contigua. Mi esposo se acercó y vio que iluminaban desde el techo con linternas”, señaló la mujer.
Los intrusos -se desconoce cuántos eran- habían alcanzado a abrir dos huecos desde el techo de la propiedad. La reacción instantánea del hombre fue empezar a gritarles a los intrusos. Algo se cruzó en ese momento en la mente de los ladrones: sus planes de otro robo habían fallado.
Si se trataba -como se supone- de los mismos delincuentes que entre el 6 de diciembre y el 6 de enero pasados se metieron en una docena de casas de la zona, su intención habría sido la de revisar hasta el último rincón del domicilio, tal como lo hicieron en los demás lugares.
Pero en esta oportunidad no les quedó otra que irse. A pesar de que las víctimas se apuraron en pulsar el botón antipánico y en llamar al 911, los asaltantes “se escaparon tan rápido que es imposible saber por dónde se fueron”, comentaron las víctimas.
Hubo esa noche rastrillajes en la manzana y por el barrio, pero ninguno sirvió para capturarlos.
TODO UN BARRIO PREOCUPADO
Este episodio fue una excepción a la regla que se produjo en esa porción de barrio Norte en los últimos 30 días, como informó EL DIA en su edición de ayer. Según señalaron varios damnificados, llegaron a contarse doce robos en domicilios que estaban temporalmente desocupados.
Algunos de los robos se produjeron cuando los damnificados habían ido a celebrar la Nochebuena o el Año Nuevo a casas de familiares o de amigos, mientras que otros ocurrieron cuando los propietarios de los domicilios saqueados ya estaban de vacaciones.
Analizando sus golpes, quedó claro que los “boqueteros” no son improvisados. Para romper los techos utilizaron herramientas, como sierras y agujereadoras, y al entrar en los domicilios seleccionados se ocuparon de desactivar los sistemas de alarma antes de que sonaran.
Al menos tres vecinas de la zona que tienen como blanco -comprendida entre las calles 1 a 8, de 38 a 40- precisaron que éstos revolvieron y desordenaron los dormitorios y otros sectores de las casas para apoderarse, básicamente, de dinero, joyas y otras pertenencias de pequeño porte.
Hasta llegaron a registrar los autos de los afectados: “No dejaron nada sin buscar. Estuvieron dispuestos a llevarse la mayor cantidad de dinero y cosas chicas de valor posibles”, apuntó en diálogo con este diario una mujer que sufrió el paso de la banda por su casa.
Distintos vecinos que se comunicaron con este diario coincidieron en asegurar que “hubo una docena de hechos”, aunque fuentes policiales aclararon que “sólo hay cinco denuncias radicadas” en jurisdicción de la comisaría Segunda.














