Un mes y medio pasó desde que el fiscal Alberto Nisman fue hallado sin vida en su departamento. Desde entonces, Diego Lagomarsino adelgazó seis kilos, duerme poco y casi no sale a la calle. En cuanto se enteró de la muerte de su jefe, entró en una crisis de nervios. Luego, buscó un abogado y siguió obsesivamente todas las novedades del caso a través de los medios. Ahora, dedica la mayor parte de su tiempo a ver el canal Cartoon Network y la serie Grey’s Anatomy.

“No soy ningún estafador, no maté a nadie, no hice ninguna cosa rara, pero a veces parece que tenés que convencer a los demás”, explicó el técnico informático que cobraba 41 mil pesos de los fondos reservados de la Unidad Fiscal de Investigación del caso AMIA pero casi nunca pasaba por la oficina. Hoy es el único imputado en el caso que investiga la muerte del fiscal general del caso AMIA por haberle entregado la pistola Bersa calibre 22 que acabó con su vida.

Reconoció, sin embargo, que la opinión pública puede tener motivos para imaginar las teorías más alocadas en torno de él: “El flaco labura con un fiscal que lleva la causa más grosa del país, no va a la fiscalía, trabaja a requerimiento, cobra 40 lucas –aunque en realidad me quedaban menos de 30, restando los impuestos–, es experto en informática… Doña Rosa se debe imaginar que yo trabajaba con satélites de la NASA. Algo raro hay ahí, ¿no? O se lo garcha, o le hace inteligencia, o no sé qué”.

En el extenso reportaje que concedió a la revista Rolling Stone, Lagomarsino admitió que familiares, amigos y hasta sus propios abogados a veces le cuestionan las decisiones que tomó en las últimas horas que Nisman estuvo vivo: “Muchas veces me dicen: ‘¡¿Pero cómo hiciste eso?! Hagamos una cosa: te doy mis 41 lucas y media, esos 41 y medio gastados, andá ese sábado a lo de Nisman y fijate vos qué hacés. Hay que ponerse en los zapatos del otro. Casi todos hubieran hecho lo mismo que yo”.

“Alberto me dijo que el arma era para cuidar a sus hijas. Mi error fue decir que sí pero, sabés qué, hoy dudo que haya sido un error. Estoy diciendo una estupidez, pero ¿qué pasaba si con esa pistola evitaba que le pegaran un palazo, o que les hicieran pasar un mal momento a sus hijas? Es algo que me planteé 20 mil veces por noche”, argumentó.

En principio, la idea del único imputado de la causa era no dar entrevistas a los medios nacionales. Pero decidió hacer una excepción por Rolling Stone: quien le pidió el reportaje fue Pablo Plotkin, cuya imagen en un video de una marcha de familiares de Cromañón algunos confundieron con la de Lagomarsino. El periodista aclaró rápidamente la confusión en su cuenta de Twitter. Aunque no lo conocía, Lagomarsino le quedó agradecido y decidió grabar la entrevista.

En el artículo, Plotkin relata un diálogo que mantuvo con el técnico informático: “‘No te ofendas’, me dice Lagomarsino en medio de la entrevista. ‘¿Vos tenés consoladores en tu casa?’. Después de un segundo de sorpresa le digo que no. ‘¿Te chocó la pregunta? Bien. A mí me chocó de la misma forma que Nisman me pregunte por un arma”.

“Yo creo que cayó a mí por descarte, y porque sabía que si yo tenía se la iba a dar. Porque, si no, me tendría que haber llamado a las 9 de la mañana del sábado. Él buscó por medios más normales, digamos. Ahora bien, si él ya lo hubiera tenido todo pensado, ¿por qué la semana anterior no se compró un arma? ¿Cuánto le cuesta a un fiscal groso conseguir un arma para protección personal? ¿Cuánto puede tardar? ¿Dos días?”, explicó.

Una y otra vez, Lagomarsino aclara que el arma “andaba para el orto”. La mayoría de las veces incluso tiraba dos tiros en lugar de uno. Pero aún así decidió prestársela a su jefe: “Fue la primera vez que lo vi quebrado. Me dijo eso de ‘¿sabés lo que es que tus hijas no quieran estar con vos por miedo a que les pase algo?’”.

“Todos me dicen: ‘Eh, se cagó en vos’. No, se cagó en sus hijas. Un tipo que se caga en sus hijos, con el amor que él les tenía –y me recontra consta–, no está pensando en nadie”, señaló. Sus palabras hacen pensar que cree que se trató de un suicidio. Pero él se encarga de aclarar que no es así: “No tengo ninguna idea de lo que pasó, porque se me contradice todo. Pienso ‘se suicidó’ y no me parece razonable, considerando su personalidad y la situación en la que estaba. Entonces pienso ‘ah, se mató porque lo estaban apretando’. No, pará, también sería muy extraño. ¿Y si había un tipo adentro? Todo se me mezcla, y gracias a Dios no soy el que tiene que investigarlo”.