Hay sucesos inesperados que súbitamente nos recuerdan lo frágil que es la vida. Hechos que golpean a todos, que muestran cómo puede desmoronarse en un instante fatal lo que llevó años edificar. “A nosotros nos costó mucho formar esta familia”. Que obligan a cada uno a pensar en sus propias responsabilidades. “Si cada uno hiciera lo que le corresponde, tal vez Juan Pedro estuviera con vida”. Que impulsan a reflexionar. “Hoy está desapareciendo la gente que es de bien. Y eso es muy loco”. Hechos tan crueles e imprevistos que parecen imposibles aceptar. “Para mí Juan Pedro todavía está vivo”.

El crimen del joven rugbier platense Juan Pedro Tuculet (19) es uno de esos sucesos. Y ello se refleja en cada una de las frases de su padre, el profesor Gastón Tuculet (51), quien a pesar del drama, siente que es su compromiso expresarse para evitar que esta tragedia que conmocionó a la Ciudad se vuelva a repetir.

“Es una responsabilidad que me toca asumir -afirmó-, aunque no sea mi mejor momento o la situación más cómoda”. Esa responsabilidad, dijo, tiene una dimensión social. Es la de evitar “que los amigos de mi hijo y los hijos de mis amigos y los de los demás, queden involucrados en un hecho que puede ser todavía peor”.

Pasaron cinco días desde que a su hijo Juan Pedro le dispararon en Camino General Belgrano y 413 tres sospechosos que circulaban en un auto. Fue el sábado pasado. Al joven rugbier de Los Tilos el proyectil le ingresó por el ojo y le quedó alojado en la cabeza. Y murió tras agonizar 24 horas.

“En realidad, todavía no podría definir que es lo que siento -dijo Tuculet. Porque para mí Juan Pedro todavía está vivo. Y a medida que pase el tiempo vamos a empezar a tomar dimensión de lo que nos pasó. Lo que siento es un dolor profundo y confusión”.

El profesor recordó a su hijo como “un chico de familia, muy unido con sus primos. Tuculet somos muchos y la verdad que la relación es compartida como una amistad. Veraneamos juntos. Juan Pedro estaba por cumplir 20 años y es el primer año que fue a veranear con sus amigos”.

En el club de rugby y en la escuela, Juan Pedro cosechó numerosas amistades, que también se convirtieron pronto en parte de su familia.

“Es que mi casa en realidad ha sido la casa de varios (amigos). Han venido mucho. Coincide que los chicos me conocen porque yo los entrenado y mi familia está mucho en el club. Los chicos estaban en la casa o en el club. La visión de todos era cotidiana”, contó.

La madrugada de la tragedia Juan Pedro estaba en una vivienda de Villa Elisa, reunido con amigos. “Uno en realidad se quedaba tranquilo porque en vez de salir eligieron quedarse en la casa de alguien y mirá cómo terminó todo”, se lamentó Tuculet.

Hacia las 3 de esa madrugada fatal Juan Pedro salió con un amigo para comprar gaseosas y hielo. Iban en un auto Fiat Uno que era prestado y el rugbier manejaba. Estacionaron en la estación de servicio “Esso” de camino General Belgrano y Arana. De pronto, un joven desconocido se abalanzó sobre el auto que conducía Juan Pedro. Asustados, el joven puso en marcha el vehículo y escapó por el Belgrano. Pero igual lo siguieron. Y lo mataron.

“Cómo son las cosas que hasta no sé si uno no se equivocó al decirle ‘cuando te pase algo de eso rajá, no enfrentés’… Hizo eso y lo mataron. Entonces, ¿qué más tenía que hacer?”, se preguntó entre lágrimas el padre de Juan Pedro.